LOS FIELES JARDINEROS Y SUS PERSEVERANTES PLANTAS

En mi última columna escribí sobre la lucha que China da contra el contagio del efecto dominó que nació en el norte de África, se extendió por Oriente Medio y ha amenazado con llegar a las lejanas ciudades de Beijing y Shangai, en las que sin saberse cómo, nació la Jazmin Revolution, que fue automáticamente podada por las autoridades chinas casi desde el momento en que fue sembrada en Internet. Sin embargo del arduo trabajo de aquellos jardineros disfrazados de policías en las calles e ingenieros de sistemas en gigantes centrales informáticas, algunos capullos de la Jazimn Revolution han seguido brotando y los jardineros fieles al régimen del politburó no han tenido problema en afilar sus tijeras para cortar los tallos del jazmín tan pronto como los han visto florecer a la entrada, esta vez, de un Starbucks en Beijing.

De nuevo, algo pasó el fin de semana y los jardineros no permitieron, por segunda vez, que esta revolución de los jazmines floreciera. Pero quizá esas semillas de jazmín ya estén sembradas y sólo necesitan que el tiempo las cobije mientras el agua y el sol les permiten florecer. Mientras tanto, China esperará a que la historia, quizá se repita.

Y digo que China quizá esperará a que la historia se repita, pues ya se ha visto cómo la historia se repite en el mundo entero y para la muestra un botón (de jazmín)::

Un día como hoy, pero del año 1871, Napoleón III fue depuesto como rey de Francia. Hoy, varios “emperadores” tambalean como aquél. Igualmente un primero de marzo, pero de 1912, un valiente llamado Albert Berry se lanzó al vacío desde un avión, estrenando el primer paracaídas jamás antes visto. Noventa y nueve años después la proeza de Berry sería imitada por valientes soldados libios que desacataron las órdenes de Gadafi y se eyectaron de sus aviones hacia un vacío incierto, pero lleno de verdugos.

También un primero de marzo, pero 1919 nació en Corea el Samil Movement, un movimiento pacífico de resistencia civil promovido desde las bases populares y en oposición a la ocupación japonesa de su imperio. El movimiento resultó en la pérdida de control por parte de Japón y en la firma de un acuerdo en Shangai para establecer un gobierno de transición que crearía lo que después sería conocido como la República de Corea.

Y como la historia se repite y las revoluciones se contagian más rápido que la gripe aviar, el caso del primero de marzo de 1919 no fue la excepción. Las noticias de la revolución coreana llegaron a los oídos de Mahatma Gandhi en Sudáfrica, quien volvió a su India natal, en donde lideró la ya famosa revolución Satayagraha en abril del diecinueve. Aquella epidemia no paró en India, pues se extendió a las Filipinas, en donde en junio del mismo año, miles de estudiantes se levantaron en contra de la colonia americana y lucharon por su independencia. Las noticias de las revueltas no demoraron en extenderse por Oriente Medio, a donde entraron por la puerta africana de Egipto y se regaron como pólvora por Oriente Medio, decenas de movimientos civiles surgieron para desprenderse de las administraciones británicas de las colonias. Y todo esto por la revolución del primero de marzo, de aquél 1919 que hoy volvemos a sentir pero esta vez bajo la fecha 25 de enero de 2011 desde la tierra que en África imitó alguna vez una revolución pacífica nacida en Corea.

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Acerca de Sergio Held

Journalist living in Hong Kong
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