EL MISTERIO DE LA LÍNEA 1301

En enero de 2011, Zhao Wei se destacaba con buenas notas como estudiante de cuarto año en la Universidad Tecnológica de Hebei. Hebei es una provincia china, ubicada en el nororiente del país, que rodea a la ciudad de Pekín, tiene una costa de cuatrocientos ochenta kilómetros y su capital es Shijazhuang. Y Hebei no es una provincia como las que estamos acostumbrados a imaginar: su población de 70 millones de habitantes por poco iguala la población de Alemania y casi dobla la de Colombia.

Para las festividades del año nuevo chino, el pasado 22 de enero el joven universitario decidió viajar con un amigo (cuyo nombre no ha sido revelado) a Zalantun, un poblado en el interior de Mongolia cuya población – estimada en 130.000 personas – vive del turismo y la agricultura.

Los estudiantes compraron sus tiquetes y abordaron el tren que cubre la línea 1301, en un recorrido aproximado de 1300 kilómetros en sentido nororiental, que dura casi 21 horas. El tiquete de Zhao fue marcado con la silla 45 del vagón número 12, mientras que a su amigo le correspondió una silla en el vagón número 11. Para Zhao, como para cualquier otro ser humano, habría sido más cómodo viajar al lado de su amigo. Como esto no ocurrió, una vez a bordo del 1301 con destino a Zalantun, el joven Zhao solicitó a un sobrecargo ayudarlo a cambiar de silla, para quedar – al menos -, en el mismo vagón con su compañero de universidad. La respuesta del sobrecargo fue burlesca y aparentemente irrespetuosa, por lo que Zhao presentó una queja ante el conductor del tren.

A eso de las 10 de la noche cuando el tren ya habría viajado quizá durante unas 12 horas desde la estación de Tianjin, Zhao ingresó al vagón número 11 en busca de su amigo. Zhao traía consigo sus maletas y le dijo a su amigo que había hecho algo que le había molestado al conductor del tren y que prefería sentarse a su lado, por lo que logró cambiar de puesto con el pasajero que se encontraba al lado de su amigo en el vagón número 11.

En China existe una autoridad policial llamada la Policía Ferroviaria, cuya jurisdicción, evidentemente, es sobre los trenes, sus estaciones y sus vías, a lo largo de todo el país.

A eso de las 3:00 de la mañana, agentes de la policía ferroviaria se acercaron al puesto que ocupaba Zhao y le solicitaron que los acompañara. El tren siguió su rumbo y sus paradas programadas en el camino a Zalantun, a donde arribó como estaba programado a las 6:21 a.m. El amigo de Zhao desembarcó el tren y comenzó a preguntar por su amigo, sin obtener respuesta alguna.

A las 8 de la mañana los padres de Zhao recibieron una llamada de la policía ferroviaria, para informarles que su hijo estaba siendo atendido por politraumatismos tras haber saltado de un edificio en la estación intermedia de Daqing. Sus padres salieron de inmediato hacia la ciudad de Daqing, en la provincia de Heilongjiang en busca de su hijo. La ciudad de Daqing queda a 17 horas en tren de Tianjin y a tan sólo 3 horas de viaje del destino final de los jóvenes universitarios, uno de los cuales jamás llegaría.

Cuando los padres de Zhao arribaron a la estación de tren de Daqing, les informaron que su hijo ya estaba muerto por haber saltado a las 7:20 de la mañana, de una ventana de aquella estación.

Cuando los padres pidieron ver los videos de seguridad de la estación, les dijeron que no había, que no existían. ¿Curioso, no? Aparentemente hay cámaras de seguridad por toda la estación. Los chinos no se dan el lujo de desperdiciar panópticos donde los puedan poner y qué mejor lugar para ponerlos que en una estación de tren. Como sus padres no consiguieron respuesta en vídeos de seguridad, solicitaron fotos de la escena del siniestro. La respuesta esta vez que esta vez dio la policía, es que no habían asegurado el área y que no había fotos del lugar a donde supuestamente cayó Zhao y perdió la vida.

Cuando la familia pidió entonces ver el cuerpo de Zhao, la policía se rehusó y pidió paciencia mientras se realizaba todo el papeleo.

El cuerpo sin vida de Zhao reposaba en la morgue de Daqing y las únicas noticias que la familia recibió aquél día, fue un certificado médico del Hospital General de Daqing en el que manifestaban que la causa de la muerte había sido un trauma craneoencefálico.

En la noche del 24 de enero, finalmente los padres de Zhao pudieron recibir el cuerpo. No era el hijo del que se habían despedido la última vez que lo vieron. Era el cadáver de un señor, vestido con un traje fúnebre a la mejor usanza china, comprado por el jefe de la estación de trenes de Daqing a un precio de 2.600 yuanes (aproximadamente $ 395 dólares)

De la boca del joven sobresalía una moneda china de la que colgaba un hilo rojo. Tradición también. Pero, ¿por qué se molestarían las autoridades en entregar un cadáver vestido para su funeral? ¿Cuántas veces hemos oído que los muertos salen de las morgues envueltos en elegantes paños para sus velorios? ¿Exceso de generosidad o hay algo que no conocemos?

Las fosas nasales de Zhao estaban ocupadas por dos tacos de algodón. Su ojo derecho tan morado como podría quedar el ojo de alguien que hubiese sido golpeado por Mike Tyson; algunas cicatrices sobresalían en su sien, en la oreja derecha y bajo su mandíbula y mentón del mismo costado. El dorso de su mano izquierda cubierto de moretones con extraños y parejos hoyos en tres de los nudillos de su mano izquierda, mientras que en los otros dos dedos de la misma mano se hacían vistosos pequeños valles que hundían la inerte carne, como atraída por las uñas. Su espalda llena de círculos morados y sus muñecas coloradas como si hubiesen sido aprisionadas por asfixiantes esposas.

Junto al cuerpo de Zhao, yacía una bolsa con la ropa que vestía en su viaje a Zalantun: Una chaqueta marca Yishion, talla “L”, bañada en sangre; unos tenis negros con un símbolo blanco imitación de Nike, salpicados con sangre, una camiseta blanca salpicada con sangre y unos calzoncillos azules ensangrentados – quizá como producto de una inexplicable inflamación con la que apareció el escroto de Zhao -, finalmente unas medias grises a rayas, salpicadas también en sangre.

¿Fue la muerte de Zhao Wei, en verdad el resultado de haber saltado por una ventana de la estación? ¿Cómo llegó Zhao hasta aquella ventana? Acaso ¿fue conducido por los agentes de la policía ferroviaria? ¿Por qué lo bajaron del tren? ¿Son las heridas en el cuerpo de Zhao más parecidas a las de un torturado que a las de un suicida? ¿Por qué habría Zhao de saltar por una ventana cuando en su vida sólo había alegría, carnavales y un viaje para celebrar el año nuevo chino? ¿Por qué su muerte se produjo a las 7:20 de la mañana, cuando su tren arribó a Zalantun a las 6:20 de la mañana y su desaparición a las 3:00 de la mañana? ¿Qué fue de la vida de Zhao entre las 3:00 de la mañana y las 7:20 de la mañana?

¿Por qué, por qué, por qué? Todos estos interrogantes comenzaron a cruzar por las mentes de los familiares y del amigo que viajaba con Zhao, que ya había recibido las fatales noticias en Zalantun.

Cuando la familia de Zhao solicitó una autopsia, ésta les fue negada, por lo que debieron presentar una acción judicial solicitándola. Tras la orden judicial, el 26 de enero un informe de autopsia reveló que Zhao había muerto por caer de altura, lo que le produjo un trauma craneoencefálico severo. Aunque el reporte mencionó que sus órganos internos también habían sufrido heridas fatales, nada se dijo, por ejemplo, de las heridas que presentaban los testículos de Zhao.

Mientras la familia de Zhao reclama justicia contra quienes sacaron a este joven universitario del vagón 11 de la línea 1301, las autoridades ferroviarias, envueltas desde hace poco en un tremendo escándalo de corrupción y malos manejos, ordenaron una investigación contra sus propios agentes y contra las directivas de la estación de Daqing por el caso de Zhao Wei.

Y mientras la familia clama por colaboración de la ciudadanía, las autoridades de nuevo han apretado los clicks, esta vez intentando borrar cualquier rastro de esta noticia en los portales, mientras diarios como el Oriental Morning Post luchan contra la censura para permitir que el caso de Zhao sea conocido, prevalezca la justicia y nunca jamás se repita la misteriosa historia de una muerte como la de Zhao en la Línea 1301.

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Acerca de Sergio Held

Journalist living in Hong Kong
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