¿QUE SABEMOS DE LA ENERGÍA NUCLEAR CHINA?

El hermetismo chino entorno a información sensible y de importancia mundial se vuelve a apretar. En esta oportunidad, me refiero al caso de las plantas nucleares chinas y lo que sabemos de ellas. Y el tema es oportuno, si se tiene en consideración el desastre nuclear por el que atraviesa Japón  y las medidas como la tomada por la Unión Europea de revisar 143 centrales nucleares en 27 de sus países.

Los inicios de la historia nuclear de China se remontan a la ambición de Mao Zedong por tener un arma nuclear y a la colaboración que en un principio recibió de la Unión Soviética en la década de los cincuentas, colaboración que fue fundamental para China,  pero que duró hasta que vino la crisis entre aquél país y la Unión Soviética. Sin embargo, esto no frenó los planes nucleares chinos y el 16 de octubre de 1964 se detonó con éxito la prueba que sería llamada “596”. Cuatro años después se firmaría el Tratado de No Proliferación Nuclear que legitimó y restringió el uso de armas nucleares a tres países que a esa fecha ya habían realizado pruebas nucleares: Estados Unidos, el Reino Unido y la Unión Soviética (a su caída, reemplazada por Rusia en el Tratado). A ese club pertenecen también Francia y China desde 1992 y son reconocidos por 188 Estados que han adherido al Tratado.

Luego de la prueba “596”, en 1970 China anunció un ambicioso plan de energía nuclear que se haría realidad casi 22 años después con la conexión de la planta nuclear Qinshan a la red eléctrica china que hoy recibe casi 2% de su energía desde centrales nucleares. La planta de Qinshan tiene cinco etapas de construcción proyectadas, de las cuales tres ya han culminado de manera exitosa, la última con el apoyo de la Agencia de Energía Atómica de Canadá.

La ambición nuclear China y el plan de 1970 han seguido un ritmo único en el mundo: para el año 2004 China tenía 10 plantas nucleares que promediaban una edad de 4 años. Y entre el 2004 y la fecha, otras 3 plantas han sido inauguradas. Actualmente hay 27 plantas más en construcción, que fueron congeladas para revisión y ajustes por el politburó a raíz del terremoto y del tsunami que generaron la crisis nuclear que hoy tiene en vilo a Japón.

Y si la ambición china de energía nuclear es grande, la de sus armas nucleares también lo es: China cuenta actualmente con 176 cabezas nucleares activas de un total de 241 que posee. China está lista para cualquier guerra nuclear, pero su capacidad se esconde tras un tono pacifista a nivel internacional: su embajador Li Baodong pronunció ante el foro de la Naciones Unidas que el camino correcto para manejar el tema nuclear iraní es el diálogo. Y digo que el tono pacifista es a nivel internacional, pues hacia su interior, China no tolera y no admite críticas ni a sus planes nucleares ni a su explotación de uranio, la materia prima que requieren las plantas nucleares y que es explotada por la China National Nuclear Corporation en aproximadamente 17 minas en territorio chino y una más en la República de Níger, de la que se espera una producción anual de 600.000 toneladas. Y digo que China no admite críticas a sus planes nucleares en su interior, pues como lo anota Elizabeth C. Economy, ni siquiera los oficiales de Greenpeace en Beijing se atreven a pronunciarse sobre los efectos ambientales de las plantas nucleares, quizá por el miedo de correr la suerte de activistas como el ex trabajador minero Sun Xiaodi, galardonado con el Nuclear Free Future Award, y su hija Sun Dunbai, quienes en 2009 fueron sentenciados a trabajos forzosos y a prisión bajo el argumento de haber cometido crímenes contra la seguridad nacional, al haber exhibido carteles contra la polución nuclear y denunciado la violación de derechos humanos.

Hoy por hoy, ni las protestas de Xiaodi y su hija, ni el terremoto de 9 grados en la escala de Richter que tiene al mundo pendiente de los niveles de radioactividad en Japón frenarán los planes nucleares de China. Si bien han contemplado una seria revisión a sus plantas nucleares y a los proyectos expansionistas, el proyecto de llegar a 86 giga vatios de producción energética en el año 2020 (Japón cuenta actualmente con una capacidad de 48 giga vatios) no se detiene y se esperan inversiones anuales de 10 billones de dólares hasta cumplir con la ambiciosa meta, además de continuar con su activa participación en el proyecto mundial ITER (Reactor Termonuclear Experimental Internacional) y con serias investigaciones para reemplazar el uranio por sales de torio fundido, pues, como lo afirmó la Academia de Ciencias China, una tonelada de estas sales podría reemplazar 200 toneladas de uranio, cuya explotación día tras día, pone en jaque la existencia de la raza humana.

 

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Acerca de Sergio Held

Journalist living in Hong Kong
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